Crianza,  Maternidad

La primera y más importante norma de convivencia

La primera y más importante norma de convivencia

familia gritando

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La primera y más importante norma de convivencia es el respeto, es algo que toda persona cuerda admite. Eso vale para todos, incluidos por supuesto los más pequeños.

Ejemplos

Ejemplos de faltas de respeto: hablarnos de malos modos o gritando, tener formas violentas: como entregarnos las cosas tirándolas o cogerlas arrancandonoslas de las manos, empujarnos, despreciarnos en las dudas que tenemos, menospreciarnos en nuestras formas de actuar…, hay muchas formas de no dar el debido respeto que toda persona, niño, joven, adulto o anciano, merece.

Respeto

Seguramente muchos de nosotros veamos en nuestros propios hijos algunas de las mencionadas y otras más. No hay que engañarse: los niños, sobre todo los más chicos, son nuestras cajas de resonancia; así que hay que pensárselo dos veces antes de echarle la culpa a a divina providencia por su comportamiento.

Tenemos que mirarnos menos en el espejo de la madrastra de Blancanieves y más en nuestro interior, para saber qué somos, qué no está bien de nuestro comportamiento y por tanto cambiar para mejorar, si no por nosotros por nuestros hijos.

Uno de los deberes más importantes como padres es ser el espejo donde nuestros hijos puedan mirarse para convertirse en buenas personas, personas pacíficas y respetuosas. Esta es una forma verdadera y eficaz de cambiar el mundo, empezando por el nuestro, depositando en él, personas buenas: una, dos, miles, millones, todos los padres.

Sin respeto no hay amor

Yo nunca olvido repetirme que sin respeto el Amor no puede existir, si acaso sólo marchito, o si lo hay es uno de los que decían nuestras abuelas: «hay amores que matan», pero ese no es verdadero, es un engaño, no nos engañemos. ¿Por qué tener un sucedáneo, si podemos tener el auténtico?. Esa es una buena lección que podemos dejar en herencia a nuestros hijos.

Ellos, aunque creamos que nunca van a dejar de querernos, y quizás sea cierto, si no los cuidamos, entre otras cosas y muy especialmente con el respeto, su amor hacia nosotros se podría convertir en un reflejo distorsionado y feo de lo que pudo ser. ¡Qué triste!.

Así que hoy ya mañana voy a mirarme cuidadosamente en el interior, y me enfrentaré contra los ojos de ese espejo, cruel pero comprensivo, siempre fiel a la verdad, para intentar convertirme pasado mañana en ese espejo limpio en el que pueda mirarse mi hijo siempre.

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