Crianza

El futuro de los niños

«Tenemos un hijo/a y nos preocupamos por su futuro.
Las cosas no pintan nada bien en los tiempos que corren así que sin ser muy conscientes de ello hacemos nuestra la publicidad engañosa del sistema capitalista e interiorizamos que lo mejor para nuestros hijos es que estudien y se esfuercen mucho, que obtengan “una buena formación” y así tendrán un futuro mejor.


¿Un futuro mejor como adultos y para ello invierten su infancia?
En mi cabeza las movilizaciones de maestros y familias por la sexta hora perdida en la escuela pública… Reclamando más tiempo, más clases, más horas de refuerzo…
En mi cabeza las escuelas y las familias que se enorgullecen de empezar con la lecto-escritura con los niños de 3 años…
Cada vez presionamos más a los niños.
Cada vez les robamos más sus necesidades infantiles.
¡Si el futuro está negro, que estudien más!
Pero esa es la trampa del sistema: que confiemos en que la escalerita trazada y la promesa de los títulos nos van a garantizar una buena vida…
Que invirtamos nuestro presente con la promesa de un futuro mejor…
Así los niños son domesticados a granel desde edades bien tempranas, en casa y en la escuela.
Así la infancia reduce a la mínima expresión su tiempo para jugar en libertad.
(¿Jugar? ¡Menuda pérdida de tiempo! Piensan los preocupados por su futuro…)
Todo a cambio de la promesa de una vida mejor cuando sean adultos.
Pero estamos ante una farsa y una gran estafa.
Los niños no necesitan que les separen de sus madres para aprender nada junto a especialistas.
Los niños no necesitan aprender todas esas cosas que desde los despachos alguien considera importantes.
Los niños podrían aprender otras. Cosas que realmente estuvieran vinculadas con su felicidad presente y futura.

Y en el momento que así lo desearan, sintieran o necesitaran.
Cada niño posee su propio programa interno de aprendizaje, vivo, vinculado a cada instante con la vida y vinculado con su propio corazón.
En las escuelas sustituimos este programa interno por uno externo, consensuado por la comunidad educativa de turno.
No tiene sentido que andemos empujando, obligando u agobiando y amargando la vida de niños y jóvenes para que aprendan nada.

¿Acaso pensamos que si no dedicaremos esa gran energía en dirigirlos no aprenderían?
Aprender es algo emocionante, estimulante, para lo que venimos especialmente dotados todos los seres humanos, desde antes de nacer y hasta el último suspiro de vida.

Y en las escuelas nos dedicamos a robar estas ganas de aprender a costa de obligar a aprender lo que decidamos nosotros los adultos y no cada cual. A costa de valorar las cualificaciones en lugar de las ganas de aprender.

Los niños no tienen huecos para atender sus propios programas internos de aprendizaje…
Poco tiempo tienen para aventurarse por la Vida.
Todos les empujan en casa y en la escuela a seguir caminos ya trazados.
Y al sistema económico, productivo, ya le va bien.

Necesita muchos sumisos, inhabilitados desde temprana edad para ser críticos con la autoridad.
El capitalismo necesita una gran masa de ovejas que mantengamos este sistema adultocentrista y violento en marcha, donde las necesidades de la infancia no serán tenidas en cuenta.
Donde lo importante es el mercado.

Niños formados a granel para reproducir este sistema cuando lleguen a adultos, con grandes necesidades insatisfechas y por ello, grandes consumidores.
Nadie quiere niños atentos a sus propias y verdaderas necesidades.
Nadie quiere ciudadanos críticos con el sistema prefijado.
Nadie quiere personas que expresen y escuchen sus necesidades.
Por eso las escuelas libres son cosa de locos.
Pero es lo normal.
Nadie se siente cómodo confiando en la infancia.

¿Qué sería del mañana (y de este sistema) en manos de esos niños capaces de respetarse a sí mismos?» …

LA VOZ DEL BEBÉ®

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